"HAY QUE LUCHAR POR MANTENER VIVO A DEODORO ROCA"
*entrevista a Horacio Sanguinetti, 2002.
Para el rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, Deodoro
Roca es una de las personalidades más importantes
del siglo XX, en Argentina. En un diálogo con Segundo
Enfoque, Sanguinetti describió el perfil del conductor
de la Reforma Universitaria y señaló qué les
falta a los líderes estudiantiles de la actualidad.
Por Jesica Bossi
Es un admirador de Deodoro Roca. “En 1956, apareció un
gran libro de él que compilaba sus ensayos, artículos
y cartas, que provocó en mi generación un redescubrimiento
de la figura. A partir de ahí, me he dedicado a mantener
viva su figura”, relata Sanguinetti.
¿Cómo era el “Deodoro” del
18?
Deodoro nació en 1890. A los 25 años se recibió de
abogado. En 1918, tenía 28 y fue cuando escribió el “Manifiesto
Liminar”, o sea que era una persona muy joven para
redactar esa pieza ostentosa. En esos tres años, la
irrupción de Deodoro en el ámbito cultural
argentino fue impresionante. En mi último libro, yo
reproduzco lo que opinaban de él en ese momento, todos
estaban deslumbrados frente a este tipo de excepción,
porque inclusive era muy hermoso, hasta eso tenía.
Fue un escritor descomunal. Yo trascribo lo que dice José Ortega
y Gasset: “El argentino más eminente que he
conocido”. Lo que dice José Ingenieros: “Está llamado
a cumplir un papel importantísimo en la vida institucional
argentina”. El otro aspecto notable, es el dolor real
que produce cuando él se muere en 1942 siendo muy
joven. Hay alrededor de 25 poemas que le son dedicados, algunos
de ellos de gran belleza como el de Rafael Alberti, y otros
no tanto, de gente que lo sentía. Él era de
una personalidad avasallante, aún para sus adversarios
que no podían sustraerse a su encanto.
¿Por qué es una figura bastante
olvidada?
Creo que por dos razones. Primero, porque es un hombre del
interior. Esta es una ciudad “vampiro” que le
absorbe la sangre al resto del país, pero el interior
no le interesa mucho. En segundo lugar, por ser un contestatario.
Hay que luchar por mantenerlo vivo.
Cuando Ud. describe a Deodoro Roca lo define como un hombre
de acción y de conducta, pero también, de saber,
de inteligencia y de pensamiento. Teniendo en cuenta estos
conceptos, ¿qué les falta a los líderes
de los movimientos estudiantiles de hoy?
Les falta, por lo pronto, trabajar seriamente. Y les falta
una cultura, me parece que son de una gran ignorancia, aunque
no se puede generalizar, por supuesto. Pero frente a lo que
era la formación intelectual de personalidades como
las de Deodoro Roca, Saúl Taborda, o Julio V. González,
que eran gigantes y tenían una actitud moral espectacular
que hoy no veo por ninguna parte. La gente está muy
mediatizada, está detrás de las ventajas inmediatas.
Además, desde el punto de vista de la preparación
intelectual, me parece que hay una decadencia infernal. Para
mí Deodoro Roca es el más grande escritor argentino
del siglo XX. Lo digo con plena conciencia de la enormidad
que eso significa, y puede haber otros escritores como Lugones,
Borges, Cortázar, entre otros, que están a
su nivel, pero que no están más arriba.
¿Cuál es la magnitud de la Reforma
Universitaria del 18?
La Reforma fue un movimiento muy general que, en realidad,
apuntaba a males comunes de la universidad latinoamericana.
De todos modos, había cosas específicas de
cada universidad: la Universidad de Córdoba tenía
un perfil clerical y medieval, la Universidad de Buenos Aires
era positivista, la de La Plata era cientificista (las tres únicas
universidades nacionales que había). Pero tenían
un común denominador, en todas estaba faltando algún
tipo de participación de la juventud, de moralización
de la acción universitaria. Y esto está probado
por el hecho de que la Reforma empezó en Córdoba
pero corrió como un reguero de pólvora por
el país y por América, con particular vehemencia
en Perú y en México. En Perú, inclusive,
se creó el movimiento del APRA que todavía
hoy es un movimiento de gran fuerza política. Y significó entonces,
como decía su gran líder Deodoro Roca, la búsqueda
de un camino hacia un maestro. Abrieron ese camino los jóvenes,
de una manera heroica, no fue gratuita, pasaron toda la vida
pagando las hipotecas de esa rebeldía.
¿De dónde venían los líderes?
El movimiento partió de los estudiantes que en principio
eran grupos independientes, no pertenecían a partidos
políticos y muchas de las principales figuras nunca
pertenecieron. El reformista más clásico, sin
el cual la reforma hubiera sido inimaginable, que es Deodoro
Roca, aunque militó muy brevemente en el socialismo,
siempre decía que había hecho desinteresadamente
y fuera de los partidos políticos una intensa y riesgosa
vida pública. Eran cívicamente muy activos
pero en general no tuvieron un compromiso partidario fuerte,
en todo caso hasta la década del 30. Entonces, muchos
de ellos ante el golpe de Uriburu, fueron a partidos políticos.
¿Cómo reaccionaron los distintos
sectores de la sociedad?
Yrigoyen apoyó la reforma, los radicales y los socialistas
la apoyaron, como así también una gran cantidad
de personalidades universitarias y políticas, desde
Leopoldo Lugones hasta Alfredo Palacios. Inclusive, de la
línea del Partido Demócrata Conservador, más
liberal, como Ramón Cárcano, estuvieron en
esa posición. En Córdoba, especialmente los
sectores de la Iglesia la combatieron. Después, los
sectores reaccionarios y del fascismo de la década
del 30 la desmantelaron, mantuvieron una lucha durante mucho
tiempo en contra de la Reforma.
¿Qué época de la vida universitaria
reivindica?
A partir del 55, cuando yo estaba en el 2° año
de la Facultad de Derecho, hasta el 63 y 64. En 1966 fue
el golpe de Onganía que arrasó y destruyó la
universidad de una manera irreparable porque profesores eminentes
se fueron y eso no se reconstruye fácilmente. Se fueron
del país a montones, fue una gran sangría.
Rescato la “gran universidad” de José Luis
Romero y de Risieri Frondizi. En esa etapa yo me formé,
fui consejero estudiantil y después inicié mi
actividad docente. Era una universidad admirable éticamente,
científicamente, la renovación que significó fue
impresionante.
¿Qué queda hoy de la Reforma?
Prescindiendo de los artículos estatutarios que se
modificaron y de una serie de aspectos que se han aceptado
de una manera bastante general -el gobierno tripartito, el
concurso para designación de profesores, la publicidad
de los actos universitarios, la autonomía universitaria,
la gratuidad de la enseñanza- lo que quedó es
el impulso moral. O eso es lo que debe quedar de la Reforma.
Los reformistas del 18 fueron tremendos en el aspecto moral
y en el aspecto de una tarea de servicio a la sociedad a
la que pertenecían. Y este mensaje del 18 nos tiene
que llegar con mucha fuerza hoy, en un contexto de corrupción
generalizada.
http://www.segundoenfoque.com.ar/entrevista_sanguinetti.htm
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