A 78 AÑOS DE LA REFORMA UNIVERSITARIA
* por el Movimiento Nacional Reformista, 1996.
El 15 de junio se cumple el 78´ aniversario de la Reforma Universitaria
protagonizada por la juventud argentina y que constituyó el hecho cultural
más trascendente de América en lo que va de este siglo.
Este genuino y profundo movimiento juvenil surge en un
particular momento histórico de nuestro país
y del mundo. La argentina de aquellos años había
quintuplicado su población en poco tiempo producto
de las corrientes inmigratorias en simultaneidad con un espectacular
desarrollo del proceso productivo nacional Se registra en
el ámbito social el surgimiento de una significativa
clase media integrada por pequeños propietarios de
la ciudad y del campo. Así mismo, los trabajadores
llegados de Europa trajeron conjuntamente con su fuerza de
trabajo sus ideas socialistas. Estos nuevos sectores exigen
participación en la organización política
y económica de la Nacional y esto se traduce en una
presión creciente de los sectores populares sobre
la oligarquía y los sectores conservadores.
Los cambios producidos en todo el mundo, y especialmente
en Europa, con posterioridad a la primera guerra mundial,
se encuadran en los ideales de justicia y libertad, con los
cuales se sienten representados los jóvenes en todas
las naciones.
La vieja estructura educativa argentina mantenía
a la Universidad ajena a estos cambios. La eclosión
del 15 de junio de 1918 puso a nuestra Universidad de cara
a la realidad social y política, situación
de la cual no se apartaría jamás, a pesar de
las interrupciones institucionales que sufrió nuestro
país, y que resultaría ser la mecha de innumerables
reformas universitarias en todo el mundo durante décadas.
Esta concepción de la universidad, humanizante y
democratizadora, con una profunda inserción social
y una investigación al servicio de los intereses nacionales
se oponía antes, y se opone ahora, a los intereses
del neoliberalismo. La contracción que viven las economías
en todo el mundo y en especial en nuestro país, permiten
a los sectores más retrógrados avanzar sobre
las conquistas sociales. Esto se expresa en el campo del
saber, una política que excluye del conocimiento a
las clases más desprotegidas socialmente favorece
la perpetuidad en el poder de aquellas con mayores posibilidades
económicas.
Conocimiento y democracia mantienen una relación
biunívoca, a mayor conocimiento en manos del conjunto
de la sociedad, mayor democracia y libertad, a mayor democracia,
mayores posibilidades de acceso al saber y en definitiva
mayor posibilidades a disputar espacios de poder.
La conclusión se expresa en que el liberalismo es
antidemocrático por concepción pero a su vez
es sumamente flexible y ha sabido adaptarse a los vaivenes
sociales a lo largo de la historia ajustando y cediendo de
acuerdo a como se desenvuelven los acontecimientos.
El fin de siglo XX encuentra al espacio progresista a la
defensiva. Sus valores, una constante en el camino hacia
una sociedad mejor, se ven dificultados por el neoliberalismo
que dispone, en este instante de la historia, con herramientas
que le posibilitan fortalecerse y acumular poder.
Claro que este no es un instante cualquiera en la era del
hombre, el desarrollo tecnológico hace que los cambios
sean en algunos casos irreversibles.
Es precisamente en esta instancia donde en la Universidad
vivimos la contrarreforma. Que es el avance sobre la autonomía,
la gratuidad, el co-gobierno, los concursos, la libertad
de cátedra, en resumen: todos los valores reformistas
son cuestionados falazmente por el neoliberalismo.
El Movimiento Nacional Reformista tiene la convicción
de oponerse frontalmente a este modelo, porque sobre él
se edifica lo peor del hombre: el individualismo, el sectarismo
y la explotación.
Como contraposición a esto, los reformistas sabemos
que: sólo sobre la base de la solidaridad y la justicia
social es posible, en la argentina, hablar de calidad de
la enseñanza, de ingreso, de investigación,
etc.
Sobre las organizaciones estudiantiles del campo progresista
recae la tarea de esta lucha que sólo podrá darse
en términos de disponer de Centros de Estudiantes
que funcionen como tales y no como instrumentos sectarios
de espacios de poder.
Necesitamos que los Consejos Directivos y Superiores sean
la herramienta institucional que profundice el debate democrático
y el trabajo constructivo.
Una gran parte de nuestro trabajo pasa por jerarquizar
nosotros mismos los valores reformistas y profundizar su
práctica, en este espacio no debe haber pausa.
Ser conscientes de la responsabilidad que significa representar
a cientos de miles de estudiantes en todo el país
y ejercer tareas dentro del co-gobierno de las Universidades.
En aquel lejano 1918 jóvenes argentinos protagonizaron
una epopeya trascendente que se trasladaría en el
tiempo producto de su relación con la realidad. Hoy
la lucha es la misma, tal vez más difícil,
pero lo que queda claro es que no debemos ser espectadores,
seamos los protagonistas de la historia.
Movimiento Nacional Reformista
Mesa Nacional
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