HOMENAJE AL 77 ANIVERSARIO DE LA REFORMA UNIVERSITARIA DE
1918 - CONDENA A LA CONTRAREFORMA DEL PROYECTO OFICIAL*
* por Guillermo Estévez
Boero, Cámara
de Diputados de la Nación, Buenos Aires 15-6-95.
PROYECTO DE RESOLUCION
LA HONORABLE CAMARA DE DIPUTADOS DE LA NACION
Resuelve:
Rendir homenaje a los forjadores de la Reforma Universitaria
de 1918 al cumplirse el 15 de Junio su 77º aniversario,
y resaltar los postulados del movimiento cultural más
importante del siglo en América Latina, que hoy se
ven amenazados por el proyecto de Ley de Educación
Superior, que pretende escribir la contrahistoria del movimiento
reformista del 18.
Guillermo E. Estévez Boero
FUNDAMENTOS
Señor Presidente:
El 15 de junio se conmemora el 77º aniversario de la Reforma Universitaria
de 1918, el movimiento de la juventud que constituye el aporte cultural más
original y profundo del siglo. El transformó a nuestra Universidad en
el faro intelectual de América Latina.
La Reforma Universitaria de 1918 refleja en la Universidad
el advenimiento de un nuevo país, donde la causa popular
había triunfado sobre el régimen de minorías
oligárquicas.
En aquellos años sucesos trascendentes se vivían
en el país. Gobernaba Hipólito Yrigoyen, elegido
por el voto secreto y obligatorio del pueblo que se practicaba
por primera vez.
Desde fines del siglo pasado, un nuevo país venía
emergiendo con el proceso inmigratorio; los pequeños
productores del campo y de la ciudad, los artesanos y los
pequeños comerciantes que pugnaban por participar
en la vida política y económica del país.
Esta nueva realidad irrumpe en la revolución de 1890,
que con el protagonismo de Leandro N. Alem, Juan B. Justo,
Lisandro de la Torre, Vicente Fidel López, Aristóbulo
del Valle, Bernardo de Irigoyen, Bartolomé Mitre,
Manuel J. Campos, Juan Manuel Estrada, Pedro Goyena, exterioriza
la suma y el consenso de la oposición provocada por
la brutalidad y la arbitrariedad del proyecto que se venía
imponiendo al país. Hoy a la historia puede repetirse.
Los tiempos cambiaban en nuestro país, la lucha
social producía en 1904 la llegada al Congreso de
la Nación del primer diputado socialista de América:
Alfredo Palacios.
El mundo vivía nuevos procesos sociales y nuevas
ideas. En América la Constitución Mexicana
de 1917, en Europa la Revolución Rusa de 1917, la
Constitución de Weimar de 1919.
En el país, la Universidad había permanecido
cerrada, enclaustrada, de cara a lo viejo y de espaldas a
lo nuevo. Ese aislamiento, esa diferencia entre la vieja
universidad y el nuevo país produjo esa corriente
y liberó esa energía juvenil que determinó la
eclosión del 15 de junio de 1918, fecha que marcaría
el calendario de la cultura de América Latina y de
la Universidad Argentina, que ya no viviría de espaldas
a la realidad.
La juventud de 1918 fue la portavoz de una nueva realidad
social no expresada en la Universidad de entonces, cuyas
ideas determinaban estrechos límites académicos
y sociales. Los jóvenes irrumpieron en las aulas con
una nueva actitud, llena de ideas, de programas y de propuestas.
Todos los escritos de la época reflejaban ese sentimiento.
El Manifiesto Liminar redactado por el lumen de la reforma.
Deodoro Roca, en uno de sus párrafos dice: “La
universidad ha sido hasta aquí el refugio secular
de los mediocres, la renta de la ignorancia, la hospitalización
segura de los inválidos, y lo que es peor aún,
el lugar en donde todas las formas de tiranizar e insensibilizar
hallaron la cátedra que las dictara”.
En el I Congreso Internacional de Estudiantes en 1921, desde
México, Héctor Ripa Alberdi expresaba: “Venimos
de los campos de combate, donde derribáramos los muros
de la vieja universidad detenida en el pensamiento del pasado
siglo, y donde levantáramos la nueva universidad,
abierta a todas las corrientes espirituales; venimos de sostener
una dolorosa lucha entre la juventud creadora y la vejez
misoneísta, entre la voluntad heroica que avanza y
la voluntad abolida que resiste”.
Este movimiento revierte por primera vez el sentido de nuestra
relación cultural con el mundo, dejamos de receptar
pasivamente los mensajes, las instrucciones y las valoraciones
del viejo y pasado mundo y comenzamos a emitir, a formular,
a concretar nuestro mensaje, nuestra propia valoración
hacia el resto del mundo.
No fue la reforma una simple modificación de los
estatutos universitarios. Nace con la reforma otro concepto
de Universidad, comprometida con el presente, protagonista
y trabajando para el futuro. Y no una mera ejecutora de las
ideas más oscuras del pasado.
A través de la extensión universitaria llevó los
resultados, la investigación, la preocupación
de la universidad, al pueblo mismo, e hizo de la solidaridad
obrero-estudiantil el postulado de un compromiso social más
profundo. Los estudiantes lograron concretar su participación
en las decisiones de la vida universitaria formando parte
del gobierno.
Tras el accionar de los universitarios de Córdoba,
la reforma se extendió como reguero pólvora
por todo el país y el continente.
José Ingenieros, el “maestro de la juventud” afirmaba: “El
generoso movimiento de renovación liberal iniciado
en 1918 por los estudiantes de Córdoba, va adquiriendo
en nuestra América los caracteres de un acontecimiento
histórico de magnitud continental… En cien revistas
estudiantiles se reclama la reforma de los estudios en sentido
científico y moderno, se afirma el derecho de los
estudiantes a tener representación en los cuerpos
directivos de la enseñanza, se proclama la necesidad
de dar carácter extensivo a las universidades, y se
expresa, en fin, que la nueva generación comparte
los ideales de reforma política y económica
que tienden a ampliar en sus pueblos la justicia social”.
Todas estas ideas nos pertenecen, aunque el proceso de subasta
está en marcha. La Ley de Educación Superior
es la contrarreforma de los 90. El espíritu antirreformista
del proyecto sancionado en diputados evidencia una voluntad
de soslayar el contenido universal con que se concibió la
Universidad Nacional a partir del 18, donde se superó su
marco meramente academicista para abarcar la problemática
global de la sociedad, del pensamiento, de la ciencia y el
arte.
El proyecto oficialista amenaza enterrar el rol protagónico
que históricamente ha tenido la Universidad Nacional,
que nutrida de objetivos humanistas consideró que
la articulación de la enseñanza aprendizaje
sea uno más de sus aspectos y no el fin primero y último.
Se pretende reducir a la Universidad a la categoría
de “enseñadero” , de entidad productora
de profesionales, técnicamente aptos para el mercado,
super especializados, pocos, acríticos y eficientes.
Parafraseando a Kart Jasper podemos decir que no se debe
caer en la trampa mortal de la excelencia, de la superespecialización.
Es necesario volver al espíritu de la conexión
de todo con todo, de la verdad que no se deja aislar por
ninguna ciencia, donde la mirada hacia las otras ciencias
no es una simple curiosidad, sino el camino para aprehender
los fundamentos del edificio, de nuestro conocimiento, y,
por lo tanto, para la plena comprensión de la propia
ciencia. La Universidad no debe ser un agregado de escuelas
especiales, porque la base del conocimiento está dada
por la comunidad de la ciencia fundamental.
De esta problemática que es la básica y la
constitutiva de una Universidad, no se ocupa la Ley de Educación
Superior, que puede aplicarse a una Universidad o a un supermercado,
ya que, por debajo de voluntaristas expresiones académicas,
se concreta en determinar el manejo de los recursos y los
gastos.
Para el modelo nutrido por las instrucciones del Banco Mundial,
la gratuidad, el ingreso irrestricto, las políticas
de bienestar estudiantil, la participación de los
estamentos en las decisiones, los concursos con participación
de los estudiantes en los jurados son anacrónicos
y por lo tanto excluidos.
Prevé una autonomía acotada a los temas específicos
y a su función economicista, sometida a un ente evaluador
externo capaz de modificar su rumbo.
En cuanto al cogobierno, otorga a los docentes la mayor
representación relativa, poniendo en manos del 5%
de la comunidad universitaria, la capacidad de decisión
de la totalidad de los temas.
El Estado trata de desentenderse de una de sus funciones
básicas, la educación pública, que no
debe quedar librada al juego de la oferta y la demanda como
recomiendan las visiones economicistas.
La política de admisiones preferenciales, el control
en el acceso a la educación pública sobre la
base de criterios de selección equitativos y eficientes,
la participación de representantes del sector privado
en tareas “gubernamentales” de las instituciones
públicas y privadas de educación superior,
el aumento de la autonomía para el control de la diversificación
financiera y el uso más “eficiente” de
los recursos, son sólo algunas de las exigencias del
Banco Mundial que el gobierno transcribe en su texto de Ley
de Educación Superior.
El espíritu reformista del 18 se ve mercantilizado
en un articulado reglamentarista, pero el sueño dorado
del capitalismo salvaje se encuentre casi realizado, al transformar
a la Universidad en una fábrica de yuppies. Esa creación
del posmodernismo, que impone el exitismo a nuestros jóvenes,
que plantea una suerte de conformidad fatalista a la que
habría que someterse resignada o complacidamente,
que diluye el “nosotros” y se sostiene en el
individualismo, que rompe la ética y desalienta la
práctica de valores esenciales desde el despotismo
de la telecultura, cultivador de lo efímero y de la
imagen.
Este modelo que tan complacientemente adopta los dictámenes
del Banco Mundial, desoye ciertas recomendaciones que la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura realiza en su “Documento sobre
Políticas para el cambio y el Desarrollo de la Educación
Superior”. La UNESCO sin la pretensión de imponer
modelos o elaborar prescripciones rígidas, pretende
servir de “brújula intelectual” a los
encargados de la educación superior. Para ello establece
el peligro de confundir la liberalización de las relaciones
económicas con la ausencia de políticas sociales
públicas, en particular en relación con el
financiamiento de la educación superior. Si se espera
que la universidad o cualquier otra institución de
educación superior realicen una contribución
significativa al cambio y al progreso de la sociedad, el
Estado y la sociedad deben percibir a la educación
superior no como una carga para el presupuesto público,
sino como una inversión nacional a largo plazo, para
acrecentar la competitividad económica, el desarrollo
cultural y la cohesión social. “El sostén
público a la educación superior sigue siendo
esencial para asegurar su misión educativa, social
e institucional” – marca el documento.
Otro peligro que señala UNESCO es la exigencia excesiva
de “comercializar” las actividades realizadas
por las instituciones de educación superior, con el
riesgo de “sponsorización” de la enseñanza.
En este eso – dice la UNESCO – el respeto de
las normas referentes a admisión de estudiantes, los
programas de estudio, graduados y enseñanza pueden
transformarse en tema de interés general y en función
de tensión entre los establecimientos de educación
superior, el estado y el público en general. Por ende
deben realizar esfuerzos para reducirse las tensiones, puesto
que los establecimientos genuinos de educación superior
están llamados principalmente a realizar funciones
públicas.
Podríamos decir que el documento de la UNESCO se
orienta en el mismo sentido que los postulados de la reforma
del 18, al propiciar una universidad abierta e impulsando
a la acentuación de los valores éticos y morales,
al señalar que “El proceso de globalización
brinda pruebas adicionales de que el desarrollo moderno de
recursos humanos implica no solamente una necesidad de pericia
en un profesionalismo avanzado, sino también una total
conciencia de los temas culturales, ambientales y sociales
implicados. Las instituciones de educación superior
deben resaltar los valores éticos y morales en la
sociedad, procurando despertar un espíritu cívico
activo y participativo entre los futuros graduados”.
Quienes desde hace años apuntalamos día a
día la Universidad Reformista, Autónoma, Gratuita
y Popular, seguimos confrontando activamente el modelo neoconservador
de ajuste de la Educación Pública.
La filosofía educativa elitista del modelo, que ignora
las recomendaciones de la UNESCO, sumado a la obsesión
de achicar el gasto público implementando el ajuste
en educación y salud, llevaron al oficialismo a aprobar,
con cierre de debate y limitando la lista de oradores, a
la participación de un solo legislador por bloque,
en trámite absolutamente contrario a las prácticas
parlamentarias, de espaldas a la realidad universitaria y
nacional, se constituye en un proyecto que es la contrarreforma
universitaria que apunta a eliminar el espíritu del
movimiento reformista de 1918, que es el espíritu
mismo de la universidad.
Porque una Universidad trascendente es la catedral de los
espíritus libres, es el coro del debate filosófico
de las ideas, de la generación de nuevas ideas, es
una Universidad que no se evalúa por sus rendimientos
económicos, no se evalúa por el porcentaje
entre ingresos y egresos; se evalúa por las ideas
que proyecta, por la ebullición de los espíritus
que emana hacia el resto de la sociedad, esta es la Universidad
trascendente.
Hoy se ha llevado a parámetros de rendimiento, de
eficacia, de excelencia, pero matando el espíritu
de la Universidad, aplicando a la Universidad las reglas
y los valores de la anti-Universidad.
La incidencia de la Universidad sobre el medio está reducida
en grado sumo; hace décadas la voz de la Universidad
era una voz de gran peso en la opinión pública
de la Nación. Hoy hemos perdido la gravitación
porque lo que gravitaba era el espíritu de la Universidad.
Esto es lo que debemos reanimar, lo que debemos reconstruir;
la grandeza de las universidades en la historia de la humanidad
no radicó en el superávit económico,
han sido grandes por las ideas que deban a conocer, por los
principios que de ella emanaban, por la revolución
en el campo de los sistemas filosóficos y de ideas;
esa es nuestra grandeza, ese es nuestro campo. No somos un
supermercado, somos una catedral de hombres que piensan en
libertad, que construyen en libertad y hay una gran diferencia
entre una catedral y un supermercado.
Si se plantea financiar el supermercado y se juzga toda
su producción en base a su financiamiento y a su rendimiento
económico, esto no puede hacerse sino enajenando el
objetivo esencial de la universidad que es su espíritu,
su espíritu de controversia, su espíritu formativo.
Hemos puesto equivocado el acento, en vez de crear cerebros
nos hemos creído que el problema era llenar cereros
y hemos computado el relleno de los cereros en vez de computar
la actitud del cerebro como generador de ideas, de inquietudes,
de objetivos.
Y esta Nación no da presupuesto a la Universidad
porque hace tiempo que también carece de ideas, de
lo que quiere ser la Nación Argentina, de lo que queremos
ser los argentinos, todo lo tenemos en una ecuación
aritmética, nos hemos transformados de estadistas
en contabilizadotes, carentes de todo valor ético,
carente de toda axiología que nos sea la del balance.
Y así no se ha construido ninguna nación en
el mundo, así no se ha hecho ninguna emancipación,
así no se ha hecho ninguna liberación, así no
se ha escrito ninguna epopeya.
Por contrario sensu, con la pretendida Ley de Educación
Superior, se escribe la contrahistoria, se borran reglamentariamente
los postulados de los reformadores del 18, gestores del movimiento
cultural más importante del siglo en América
Latina.
En la historia se cumplen ciclos, de construcción
y de degradación. La historia trascendente de la Universidad
es la concreción de la elaboración y la síntesis
de las ideas superadoras. Vivimos un tiempo de desintegración
de lo público y de lo privado, pero el espíritu
de la Universidad resurgirá, porque el hombre, su
familia y su comunidad no pueden avanzar sin la integración,
marginando el humanismo y la solidaridad.
Se cumple hoy 77 años de una gran gesta, la del 18,
cuya gran trascendencia no será igualada ni mucho
menos por la mercantil Ley de Educación Superior.
Recuerden los jóvenes argentinos que hoy luchan por
mantener una Universidad abierta y no excluyente, el pensamiento
del maestro Ernesto Sábato: “Me dirás
que es difícil tener en este tiempo esperanza en nada,
porque estamos algo así como en una noche de la existencia.
Es cierto, pero a la noche siempre sucede el día y
cuando comienza el amanecer y oímos cantar a los pájaros,
esos animalitos tan inocentes, cuando vemos que sale un yuyito
de entre dos piedras, resurge la esperanza, que siempre resurge
de lo peor, desde la basura, desde la más negra desesperación.
No es algo nuevo: siempre fue así”.
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